jueves, 24 de febrero de 2011

Por la noche

Vitrinas de sentimentalismos que voy recorriendo,
mientras en mis bolsillos llevo los restos de un amor que no fue.
Alguien los querrá?
Alguien pensará en mi?
O solo seguiran enfrascados
para siempre dentro de mi?

Fermín Amarfil

sábado, 5 de febrero de 2011

Otro nuevo cuento...

La biblioteca

                Suele de vez en cuando invadirme ese sueño que comenzó a crecer dentro de mí una noche de verano -o tal vez era invierno, ¡qué importa ahora!- Este asalta a mi puerta  como un ladrón en el medio de la noche. Cada vez que tengo este sueño termino despertándome desorientado, sin saber donde me encuentro, preso de un terrible pánico.  A medida que pasa el tiempo este va haciéndose mas intenso, más vivo, como si ese  sueño fuera en realidad un verdadero despertar. Por otro lado también sucede que sueño a sueño, como un rompecabezas, se va completando de a poco formando el cuadro completo. Sin embargo hasta el día de la fecha hay piezas que faltan colocarse en su lugar. A su vez, como el cuervo de Poe que una noche se poso sobre la puerta de mi cuarto, cada día que pasa me encuentro más obsesionado y aterrado al mismo tiempo por este. Quisiera poder transcribir lo mejor posible, para usted lector, lo que me toca vivir, o soñar - ya no logro diferenciar  entre los sueños y la vigilia- esperando librarme de este maldito portento.
                En mi sueño  me encuentro en una gran biblioteca. A mi  diestra y mi siniestra, se alzan hacia el cielo y hacia el horizonte enormes estantes de madera llenos de libros. No puedo lograr ver donde terminan estos, son como paredes que no tienen fin. No creerían lo ínfimo que me siento cada vez que me encuentro allí, como si fuera una mota de polvo en esa vastedad.  En esas murallas se encuentran una infinidad de libros, todos diferentes entre sí, algunos grandes, otros pequeños –algunos dirían ediciones de bolsillo-; algunos con impecable presentación otros casi destruidos, ningún libro era parecido al otro. Sin embargo lo más raro de todo es que en vez de encontrarme con títulos conocidos escritos en sus lomos, solo encuentro nombres, nombres y mas nombres. Nunca pude encontrar un Moby Dick, o una Divina Comedia; solo encontraba Garcías, Smiths o Lapont, entre otros. 
                De pronto escucho un ruido. Trato de prestar mayor atención y me doy cuenta que son los pasos de alguien. Un par de zapatos que chocan contra el mármol dispuesto en forma de tablero de ajedrez. A lo lejos puedo escuchar como estos pies van y vienen, como si me llamaran. Sin dudarlo me dirijo hacia esos pasos olvidando las paredes que se ciernen a mis lados.  Empiezo a caminar por el pasillo siguiendo el sonido, lo que antes era un murmullo ahora puedo escucharlo más claramente; esto hace que  mi ansiedad crezca, hasta llegar a correr en búsqueda de estos pasos. El sonido del viento corriendo  en mis oídos va in crescendo a medida que mi ansiedad crece y mis pasos se hacen más ligeros . Sin embargo yo se que está ahí! Quiero ver a esa persona! Quiero saber que no estoy solo allí! Dentro de mí va creciendo como un incendio ya imposible de aplacar, el deseo de encuentro con ese ser.
                Mi carrera súbitamente me lleva a un círculo de donde  nacen 7 pasillos- 8 si contamos del que acabo de emerger- idénticos al que me encuentro cada vez que comienza mi sueño.  Puedo notar que desde allí se tiene una visión total de cada uno de los pasillos. Pero no debemos olvidar lector que mi cuerpo es preso de un irrefrenable deseo que debo saciar en ese momento, y por eso no llego a estudiar con mayor detenimiento esa zona. Solo puedo agregar que de allí manaba una luz en extremo brillante.
                Y es en ese momento en el que la ansiedad se va convirtiendo en angustia, veo  la silueta de un hombre- o una mujer acaso- a lo lejos, en uno de los pasillos. No podrá  comprender lector, la alegría que me inunda al ver esta figura a lo lejos, pero esta no dura mucho. Pues veo que mis pies no responden a la simple orden de avanzar -¡cuanta verdad había en los cantos órficos al decir que el cuerpo es prisión del alma!- En vano trato de forzar mi cuerpo a moverse pero es inútil, la parálisis se va propagando por todos lados. Primero fueron mis piernas y de a poco son mis brazos los que se van entumeciendo. Trato de pedir ayuda, y sin embargo de mi boca no surge sonido alguno. Lo único que puedo hacer es observar de lejos la imagen que se da ante mí.
Alguien se mueve lentamente ordenando libros, moviéndolos de aquí  para allá, como si estuviera dándoles un cierto orden que solo él o ella  conocerán. De vez en cuando va dejando otros en un carro que tiene a su costado para hacer lugar a otros que coloca en los anaqueles - me pregunto con qué sentido hará esto.  Todo esto lo hace con tanta naturalidad, como si no notase que me encuentro a tiro de piedra de donde está trabajando. A veces se detiene con algún libro en la mano, como si pensara la mejor ubicación para depositarlo.  Otras veces, acercando su boca alguno de estos volúmenes, les habla, aunque no pueda escuchar lo que dice desde la distancia en que me encuentro.
                Quisiera lector poder continuar este relato pero me es imposible porque es aquí donde las piezas empiezan a faltar y termino despertándome. No logro determinar todavía si todas las veces se sucede el mismo sueño o es que en cada sueño vuelvo a visitar esa incorruptible estancia, creo que nunca lo sabré. 

Fermín Amarfil