Estoy aquí, ahora, en este momento. Son las 5:44 de la mañana, el sol sale. Yo sentado puedo sentir con mis dedos el pasto en el cual me apoyo. Es suave, húmedo, verde. Lo puedo sentir todo con mis dedos, no necesito verlo, solo tocarlo. A lo lejos veo salir el sol, una bola amarilla, una bola de fuego, de explosiones, de pasiones reventadas. Mi cara, poco a poco, se va inundando de ese calor que transmite a pesar de estar a millones de kilómetros de donde estoy. Pero esta mirándome a mi aunque este tan lejos, como observado a través de un microscopio, el me mira. Calor, calor, y una brisa fría corre de pronto por mi espalda. Es la noche que no se quiere ir, pero ya son las 5:44 y se tiene que ir... así es el orden de las cosas. Día, noche, día, noche, día... hasta que llegue la nada. Pero hoy la nada se retraso en llegar otra vez más. Esa brisa entra por debajo de mi camisa, por mi espalda y la recorre hasta mi nuca. El brazo de la noche quiere recordarme que estuve con ella, pero yo me olvido. Qué suerte que podemos olvidar, que podemos aislar entre paredes de concreto, todo lo que no queremos re vivir en nuestra mente. No quiero volver a emular nuevamente los sentimientos de esta noche. Violentamente los borro, no quiero, no quiero. Quiero el ahora, quiero el pasto, quiero el sol, quiero el horizonte que se encuentra a lo lejos (aunque esta siempre más cerca que el sol, que inunda de calor mi cara). Sube, baja, sube de nuevo y baja un poco menos... y así todo se llena de siluetas que se mueven de esta manera conformando esta línea que llamo horizonte en este momento. Me gusta que sea así, con un movimiento suave las colinas negras a lo lejos separan la tierra, del cielo. Me gusta que todo sea así, que todo sea ahora y acá. Levanto la vista lentamente, porque lentamente sale el sol, pero la luna sigue estando... nunca se quiere ir, ¿será porque es chica y como los chicos nunca obedecen a las reglas? Mientras levanto la vista veo el negro, luego el amarillo pálido, un naranja incendiario, para pasar luego a un azul pálido y más tarde un azul profundo con puntitos blancos aquí y allá. Dicen que esos puntitos son estrellas como el sol... pero mi sol es fuerte, da calor, marca las horas de mi vida, es el sol que inunda mi cara de calor a las 5:44 de la mañana. El silencio también inunda. Todo alrededor está inundado de silencio. Tan profundo es este, que casi aturde. Luego de tanto ruido, de tanto grito, de tantos suplicios, llega el silencio. Aquí y ahora, todo silencio, inmaculado silencio, sagrado silencio. Con solo emitir un sonido puedo llegar a destruir el balance que se produce aquí y ahora, y no quiero ser culpable de más cosas. Solo quiero sentir que el oxigeno entre en mi cuerpo, a través de mi nariz, fresco y húmedo como esta a las 5:44 de la mañana. O2, CO2, O2, CO2. Acompasadamente me voy formando uno con el sol, el pasto, las siluetas, el aire, todo. Que mi cuerpo se vuelva tierra, y mi alma aire, fundirme, fugarme. Pero no puedo, solo puedo sentir que la noche me busca. Quiere que recuerde, que recuerde esta hora, porque a las 5:45 de la mañana termine de esconder el arma.
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