martes, 21 de febrero de 2012

El encuentro

Capaz este encuentro nunca sucedió, ni este diálogo se dio, ni nada de lo que digo es verdad. Pero a veces es mejor creer que negar rotundamente a todo lo que se nos da por cualquiera de los 5 sentidos. Aceptar para crecer, mentirnos para crecer, golpear y ser golpeados. La única prueba que puedo dar es este relato de lo que ocurrió o no ocurrió, que sin embargo en mí caló tan hondo como para poder explotar tal como una supernova. Acumulación, explosión, negación.
Volviendo al encuentro, este sucedió un 7 de mayo (...o fue el 8?) por la noche. No puedo decir con exactitud qué hora era ya que desde pequeño me negué a usar ese instrumento infernal, llamado reloj. La cuestión es que era de noche y yo me encontraba en la estación Carranza, esperando a la formación de las 23:15 dirección Catedral. Volvía de la casa de Fernanda, una amiga de la universidad, que como a mí le interesaba la obra de un autor húngaro de poca fama ya muerto y casi olvidado por el mundo. Me había quedado un poco más de lo esperado, habíamos hecho el amor estrictamente como amigos y como manera de desahogo ( creo que ella lloró al final, o fui yo?). Esto no estaba dentro de mis planes así que cuando vi que ya era de noche, corrí hacia la estación de subte para tomar una de las últimas formaciones. Capaz es que no puedo dormir en otro lugar que no fuese mi propia cama o me desagradaba pasar la noche con Fernanda en un abrazo ficticio de cuasi amantes, cuando ella y yo sabíamos que no lo éramos. La cuestión es que me apresuré a tomar hasta la estación para encontrarme que todavía estaba a tiempo.
Al dirigirme hacia las vías, encontré que el recinto estaba totalmente vacío. Mire a la derecha e izquierda, nadie. No recuerdo haber tenido miedo, si recuerdo un sentimiento de separación. Como si no estuviera ahí, como si mi ser estuviera en otro lado, y todo me resultaba extraño. La sensación del banco de metal en el cual me sentaba, o la fosforescencia de los tubos de luz, o el total silencio del lugar; todo eso me llegaba como si fuera a través de otro. Mientras toda esta ola de sensaciones me invadía y embriagaba, una persona apareció a mi lado. Digo apareció porque no me di cuenta cuando había llegado o si se había materializado en el lugar que estábamos ahora sentados los dos. Era un hombre no más viejo que yo vestido de manera totalmente normal para mí, como si se hubiera vestido con  prendas que se encuentran en mi armario. No había nada que me llamara la atención de él, era una persona totalmente normal, mediocre, promedio. Un nada.
"Solo estamos acá"-dijo de pronto, con una voz gruesa que parecía provenir de lo más profundo de él."No sé quién sos vos, ni me interesa, es tarde y no estoy de humor para conocer a nadie..."-mentí rápidamente para deshacerme del otro. "No quiero que me conozcas, no me interesa... capaz a vos si...”. Esto último me dijo me irritó terriblemente, quién era él para hacerse el importante en mi vida? Como quién llega a una fiesta y espera que todos le sirvan y se rían de sus malos chistes. " Me parece que te equivocaste de persona, vos no me conoces, y más importante, a mi vos no me podes importar menos!"- grité enojado, total no había nadie más que nosotros dos en ese lugar." No hay angustia peor que la tuya... nunca pensaste que todo en tu vida es buscar en los demás, lejos tuyo, el lugar para afirmarte, para luego dar ese gran salto explosivo que te lleve al otro plano? Pero al final es solo un salto patético que no logra hacerte despegar de este plano más que 30 centímetros, para luego tropezarte, caer y morir. Esto además se repite una y otra vez, ad infinitum. Naces, te afirmas, saltas, tropezás, caes, morís y luego renaces. Es que nunca te vas a dar cuenta? Capaz te des cuenta que te encontrás en el gran lavarropas girando a 24 revoluciones , y sea ahí cuando repares en esa patética pantomima que repetís vida a vida, y te dejes llevar en ese movimiento centrifugo eterno. O más importante te des cuenta de donde estás y en vez de arrojarte a lo superior sin éxito alguno, cambies el movimiento vertical por el horizontal. A los que tomaron este camino los tildaron de locos... pero sólo ellos lograron que la humanidad avanzara, para luego desenterrarlos de las tumbas que ellos mismos le cavaron, y llamarlos Grandes pensadores. En vez la gran mayoría gusta escudarse y perderse en este continuo movimiento centrífugo, en la antigüedad entre vitreauxs e incienso, y ahora entre antenas y luces. Donde estas vos?"- y sus ojos se clavaron en mí, como si leyesen todo mi ser y descubriesen la respuesta a esa pregunta.
Sonó entonces la bocina del tren que se acercaba a la estación. El encuentro se había terminado. El otro se levantó tomo sus cosas y subió al tren, sin mirarme ni saludarme al irse. Yo en vez decidí quedarme...algo sucedía dentro mío.

                                                                 Fermín Amarfil

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