Era la flor mas bella de toda el barrio, "la novia olvidada", mi Beatriz. Había llegado no hacía mas de 2 semanas por estos lugares, traída capaz por ganas de una nueva vida, la vida "borrón y cuenta nueva...". Vaya a saber uno que fue antes de ser la " la flor del barrio", a mi realmente no me interesaba tanto eso, si no que buscaba entrar en su historia. Para mí era la femeneidad personificada, por fuera aparentaba pura fragilidad pero podía verse surgir desde dentro una fuerza imparable, arrolladora, seductora. Mis ojos la seguían todas las mañanas que cruzaba frente a mi edificio, y yo mientras tomaba mi habitual desayuno, pensaba en lo inusual de esa mujer. Cada vez que la veía doblar en la esquina de la avenida y perderla de vista, sentia que ella zarpaba en un viaje que no sabría si volveria, para luego al día siguiente volver a cruzarla y volver a despedirme. Era el silencio final, el silencio del dolor, lo que me atrapaba en esta situación. Podría bien enamorarme de una fotografía de ella en mi estúpido hermetismo en el cual caí como Alicia caia en el agujero del conejo. Pero todo agujero tiene un suelo al cual caer, y fue en ese día que nuestras miradas se cruzaron. Como Medusa , sus ojos escudriñaron hasta el ultimo recoveco de mi alma, dejandomé desnudo frente a ella como un recién nacido que solo puede llorar.
Y es hasta el dia de hoy que me arrepiento de que ella me mirara, realmente lo lamento dia y noche. Por querer hacer mia esa obra de arte, ahora pago el precio en esta carcel de piedra, en esta estatua en la que me converti. Por solo una mirada suya.
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